En mi vida transité por varios trabajos, y quizás no tengo siempre presentes, en el día a día, todos los lugares por donde pasé, hasta que algo me trae de vuelta a la memoria. A mí me pasó eso al ver cómo se estaba organizando el estacionamiento medido de Viedma.
Hace muchos años yo vendía boletas de estacionamiento en el radio céntrico de la ciudad. Cada uno de los que trabajábamos ahí solíamos caminar la cuadra, conocíamos los autos, sabíamos quién estacionaba todos los días y quién llegaba por primera vez buscando una farmacia o una oficina. Nuestra ganancia salía de la cantidad de boletas que vendíamos, pero cuando pienso en cómo funcionaba aquello, lo que más queda es esto: había una persona en la calle, mirando, ayudando, ordenando en muchos casos.
Con los años llegó la aplicación, la billetera virtual, el pago desde el celular. Y está bien que así sea: la tecnología vino a simplificar. Pero hay una pregunta que me quedó dando vueltas todo este tiempo y que volvió con fuerza: ¿qué pasaría si, además de la aplicación, hubiera una persona en la cuadra? Alguien a quien preguntarle, alguien que resuelva en el momento lo que ninguna actualización de servidor puede resolver.
Ahí es donde vuelvo a mi propia experiencia, y a algo que vi hace tiempo en ciudades como Bariloche: personas trabajando en las calles del centro, ayudando a ordenar el estacionamiento, orientando al turista que no conoce la ciudad, dándole una mano a quien solo necesita parar cinco minutos. No reemplazan a la tecnología, la acompañan. Y de paso, generan algo que también hace falta: trabajo. Para muchos chicos y chicas, ese primer empleo en la calle, atendiendo gente, puede ser la puerta de entrada al mundo laboral.
Pienso en Viedma y me pregunto si no vale la pena imaginar algo parecido: una persona por cuadra en el radio céntrico, que ordene el tránsito en las horas pico, que oriente al visitante, que esté ahí cuando el sistema falla, y que además tenga en eso un trabajo digno o, quizás, su primera oportunidad laboral.
Escribo estas líneas como una reflexión que tal vez pueda servir para recuperar algo de aquellos tiempos de la boleta de papel: lo que significaba tener a alguien ahí, cuidando que todo funcionara.
Capaz de eso se trata, al final: de poder combinar la tecnología y la persona.

