En una charla íntima el músico y docente repasó con Mario Andrés en el ciclo de entrevista para POV Data sus 23 años al frente de la educación especial en Viedma, el impacto social de proyectos como Pescado en Tránsito y su convicción de que la constancia y el amor son las únicas herramientas capaces de transformar realidades.
Hay una forma de entender la docencia que se aprende estando ahí, en el día a día, sosteniendo la mirada y la escuchando a los niños y niñas. Daniel Quillón nos recibe en su casa, el espacio donde entre instrumentos, proyectos y relatos conviven más de dos décadas de dedicación a la música y a la educación pública.
Con 45 años y apunto de cumplir 46, este músico que creció al calor del heavy metal y el rock terminó construyendo un camino indispensable en las tres escuelas de educación especial de Viedma como la 7, la 22 y el Dique. Su ingreso en el año 2003 no estuvo planificado como una carrera de vida, pero la realidad del aula terminó por encender una vocación imborrable, influido en gran parte por su madre.
«En su momento la educación especial no era para cualquiera. Yo venía de tocar en bandas de heavy metal y terminar ahí fue rarísimo, pero me gustó, me encantó, amé y 23 años después sigo trabajando feliz de la vida», reflexiona Daniel Quillón sobre un contexto donde el estigma social hacia la discapacidad era abrumador y los cargos solían quedar vacantes.
El vínculo que transforma
Lejos de los manuales rígidos, Daniel Quillón entendió desde el primer día que la clave para llegar a los chicos era el juego y la flexibilidad. Ante desafíos concretos —como aprender lengua de señas durante tres años para poder comunicarse con sus estudiantes sordos—, su respuesta siempre fue la búsqueda de estrategias y, por sobre todo, la paciencia.
Ese compromiso diario permitió que la música no fuera solo un contenido académico, sino una puerta a la dignidad y a la expresión. Daniel Quillón rememora momentos profundos de su tarea, desde chicos que no hablaban y lograron comunicarse a través de los talleres de banda, hasta aquellos que por primera vez conocieron el mar en un viaje grupal a Las Grutas.
«La música transforma. Más allá del aprendizaje, el mayor logro es generar un vínculo donde el estudiante vea que tiene a alguien en quien confiar. Cuando un nene que no quería hablar pasa meses y te dice ‘Che profe, me gustó esto’, ahí decís ‘lo logramos'».
Actualmente, con el proyecto musical Dique Si que lleva adelante con los egresados del Dique, busca dar un paso más allá: generar una salida laboral concreta donde los jóvenes puedan cobrar un caché por su trabajo artístico como cualquier banda local.
Del escenario al aula: un puente con la comunidad
Esa misma fuerza creadora lo llevó a impulsar proyectos para toda la comunidad. Con Pescado en Tránsito, la agrupación que nació hace ocho años tras una anécdota de ruta, rompió el molde de la música infantil tradicional sumándole el volumen y la distorsión del rock. Una propuesta que lo llevó a tocar en escenarios icónicos como el Hospital Garrahan, acompañando a familias en momentos complejos.
Hoy, entre sus talleres, la presentación de su obra de teatro y títeres sobre la historia de la música (Detrás de las cavernas) y las recorridas por juntas vecinales y jardines, Daniel se define como un «apasionado regulado» que elige levantarse cada mañana a las 6 a.m. para ir a la escuela con una sonrisa.
«Todo es laburo, laburo y constancia. Si vas a trabajar con niños y niñas hay que estar preparado, no es cualquier cosa. Yo todo lo que soy se lo debo a las escuelas, al apoyo de las familias y a los estudiantes que me acompañaron siempre».
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Descubrí las anécdotas, el recorrido y la calidez del mano a mano entre Mario Andrés y Daniel Quillón en nuestro canal de YouTube:
